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Un sueño que parecía ser una locura se transformó en realidad. En 1980 un grupo de ex funcionarios de la ETCdelE de Valparaíso formó una empresa que transformó el panorama del transporte público de la región, con las primeras micros de menor tamaño. Un camino de éxitos, fracasos e incertidumbres es el de la empresa Ona, que hizo historia en las calles de la V Región.
Por Ignacio Pérez T.

Cuando quedaban pocos años para el fin de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETCdelE), el chofer Arturo Medina pensó en qué haría después de eso. Luego de razonar y soñar bastante, don Arturo ideó una empresa inusual para cuando el grupo de funcionarios dejara la empresa estatal: Nada más ni nada menos que pasar de empleados y choferes, a flamantes empresarios, recién comenzando la década de los ochenta. ¿Una locura?
La idea prendió. Al poco tiempo el grupo se fue formando y una oficina en calle Independencia, fue el centro de reuniones aquellos días domingo de inicios de década. Cómo hacerlo, qué proponer, qué papeles hacer. Ésas eran las preocupaciones de este grupo de entusiasmados futuros empresarios que querían hacer historia. Y recién comenzaban…
Contactados con la empresa de carrocerías Caio en Brasil, y tras miles de papeleos con bancos y entidades de todo tipo, (incluido un viaje de Arturo Medina a la casa central de la firma en Brasil), el grupo se encuentra en condiciones de dar el gran paso: Solicitan la compra de 55 buses Ford Caio que vendrían a reformar el lento y antiguo servicio de transportes del puerto.
La compra ya estaba sellada y las máquinas ya habían sido anunciadas en la prensa porteña de la época. Pero como en la vida todo pasa por algo, algunos trámites entramparon las llegadas de las Ford Caio y todo quedó en statu quo . Pero un día, uno de los empresarios que se había comprometido con esta empresa, Óscar Báez, pasando de casualidad por la Avenida 1 Norte en Viña, se sorprende al ver una extraña y pequeña micro estacionada, que estaba en exhibición. Se acercó, pidió hablar con los ejecutivos e incluso pudo probarla y manejarla. “Éstas son las máquinas que necesitamos”, pensó. Se trataba de una extraña mezcla: Carrocería Blue Bird estadounidense, motor Mercedes Benz, chasis 608-D traído desde Brasil y armada en Chile por SEG.
¿Las Ford Caio? Nunca más se supo y la empresa comenzó las gestiones para que en Santiago terminaran de armar las nuevas máquinas y enviarlas a Valparaíso.
Los recorridos ya habían sido propuestos por el siempre activo Arturo Medina. Todos comenzaban desde la bomba de bencina del Parque Alejo Barrios. El número 90 hasta 15 Norte, el 91 hasta Villa Berlín en Placeres y el más osado para la época, el 92, hasta el inexplotable sector exclusivo de Jardín del Mar en Reñaca.
Una extraña novedad
Una tarde de septiembre de 1981, los transeúntes que paseaban por la Avenida Pedro Montt quedaron impresionados al llegar al Parque Italia. Allí estaban estacionados los primeros taxibuses que aparecían en Valparaíso. Preciosas y extrañas máquinas mucho más chicas y cortas que las habituales que circulaban en esos años por las calles del puerto.
Eran una tremenda novedad para una ciudad acostumbrada a las micros grandes, lentas y ruidosas, subiendo apenas los cerros y ocupando un gran espacio en el plan de la ciudad. Pero un visionario grupo de empresarios, muchos de los cuales habían estado en la Empresa de Transportes del Estado (ETCE), confió en que esos extraños taxibuses de apenas 21 asientos, podrían dar resultado en una ciudad siempre tan complicada en lo que a transporte se refiere. Muchos decían que fracasarían, pero estaban muy equivocados.
Así, ese día, con muchos nervios y mayor expectación, fue la presentación oficial de la primera partida de los pequeños ejemplares de motor Mercedes Benz y carrocería Blue Bird, pintados color crema casi blanco y con franjas amarilla, roja y naranja en un costado. Cada una de las 15 máquinas estacionadas una al lado de la otra mirando hacia Pedro Montt, lucían orgullosas el raro nombre Ona en un costado con su característica flecha hacia adelante y el, también raro para entonces, recorrido inaugural de la empresa: Parque-15 Norte, número 90. Comenzaban a hacer historia.
1981-1985: Marcando pauta en las calles porteñas
Los que no sabían de la existencia aún de estas extrañas máquinas pequeñas con nombre de cultura aborigen, quedaban sorprendidos al ver cómo irrumpían estas primeras 30 micros chicas, que cobraban 12 pesos de la época, con sus rápidos desplazamientos y muy buen servicio a los pasajeros de entonces, acostumbrados a esperar largo rato por la locomoción que los llevara a su hogar, la cual además demoraba mucho en recorrer los tramos y subir los cerros, especialmente hacia Playa Ancha. “En un principio la idea era que fueran sólo pasajeros sentados, de ahí la denominación de Expresos, pero la gente luchaba por subirse y al final andaban llenas de gente”, cuenta el primer presidente y creador de la empresa, Arturo Medina.
La estación de servicio que está en el sector Parque frente a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Playa Ancha, fue el primer terminal de la empresa, desde donde salían las máquinas que conformaron en su inicio la línea 90, hasta la Avenida 15 Norte en Viña del Mar.
Tanto era el éxito que la empresa comenzaba a tener, que a poco andar, el recorrido se extendió a un amplio sector del cerro, por la Avenida Playa Ancha, Quebrada Verde, Aguayo, Pacífico, Río Frío llegando finalmente hasta su nuevo paradero en la calle Santa Marta, donde las máquinas quedaban estacionadas en la misma calle, beneficiando a una gran cantidad de playanchinos que ahora gozaban del servicio de Ona. Nacía el definitivo recorrido 90, con la extensión “Río Frío-15 Norte”, el cual trasladaba con gran rapidez a miles de porteños desde Valparaíso hasta los principales puntos de Viña del Mar y viceversa.
Los porteños disfrutaban el servicio, como constan algunas cartas enviadas a los diarios porteños de la época, e incluso acusaban a las demás empresas de dañar las máquinas nuevas de Ona.
Era tanto el furor, que a fines de 1984 se incorporaron tres nuevas máquinas. Una, la recordada número 07, un modelo más moderno de la misma carrocería y motor que las originales (la primera en tener puerta trasera), y otras dos (números 08 y 12) que provenían de la empresa Flota Verschae, también Mercedes Benz 608-D, pero un poco más largas y algo más cómodas debido a que tenían asientos para viajes a larga distancia y turismo. No eran pocos los que esperaban a esas dos “joyitas” para irse cómodos hacia Viña o volver durmiendo plácidamente después de una agotadora jornada de vuelta a la casa…
Ona se consolidaba como una empresa líder en la V Región , por la calidad de sus máquinas, rapidez, cordialidad y buen servicio. Además, a fines de ese año, iniciaba la tercera línea en servicio: variante 92 desde Río Frío hasta Jardín del Mar, todo un desafío para la empresa que seguía dictando pauta y abriendo nuevos recorridos hasta ese instante, inexplorados por el resto. Pero vendrían más cambios e innovaciones…
1986-1990: Un paso más adelante
En una ciudad que de a poco comenzaba a reparar los daños del terremoto de 1985, pero que a la vez se alistaba a celebrar los 450 años de vida, Ona se la jugó por seguir mejorando el servicio a los ciudadanos de Valparaíso y Viña del Mar. Ese año llegan dos máquinas nuevas Caio modelo Carolina III, Mercedes Benz, que se agregarían al servicio 92 y que fueron bautizadas con los números 11 y 18 e inauguraron una serie de similares características que vendrían más adelante y que seguirían teniendo a Ona en la vanguardia del transporte de la Región.
En 1987, y con el furor que desató en la V Región ser sede del Mundial Juvenil de Futbol, Ona siguió apostando al futuro con la importación de tres nuevas máquinas: una de iguales características a las dos adquiridas el año anterior, bautizada con el cabalístico número 13, y luego dos de un modelo nuevo (Caio Carolina III, M. Benz 708-E) identificadas con el 20 y el 24. Sin duda estas eran modernas máquinas y estéticamente algo mejores a las anteriores, que le daban un aire más renovado a la empresa.
Tal fue el éxito alcanzado por éstas, que al año siguiente, en 1988, Ona apostó por la importación de una partida de tres nuevas máquinas que se bautizaron con los números 43, 50 y 51, con mejor iluminación en el interior (de tubo blanco) y con novedosos asientos grises. Pero había una sorpresa.
Saliendo de la norma de importar máquinas de motor Mercedes Benz, la empresa adquirió la máquina número 21, de inconfundible motor Volkswagen, un poco más larga que el resto, pese a que tenía la misma cantidad de asientos que las demás, eso sí, altos y muy cómodos. Según lo hasta ahora conocido, ésta sería la única máquina de esas características conocida en Chile (ver foto), la cual prestó servicios en la empresa hasta comienzos del 2005.
La empresa iba viento en popa. No había nadie que le hiciera el peso y su flota de más de 35 máquinas prácticamente volaba por las calles de Valparaíso y Viña del Mar con sus tres variantes.
Lentamente las otras empresas comenzaron a imitar las políticas de Ona, que había revolucionado el transporte urbano a inicios de la década. Tímidamente se veían en las calles máquinas más cortas, así como la extensión de recorridos hacia Jardín del Mar, donde la línea 92 seguía siendo la única.
Si bien algunas máquinas se habían ido de la empresa, ésta quería seguir liderando el transporte en la Región. De esta forma en 1989 la empresa importa una partida de tres hermosas máquinas de carrocería Marcopolo Senior y motor Mercedes Benz, que fueron identificadas con los números 22, 45 y 60 y que entraron a reforzar la línea 92 que comenzaba a tener competencia, desde Central Placeres con la línea número 1.
El mercado del transporte se comenzó a ampliar y las otras empresas más antiguas y con mayor respaldo económico comenzaban a modernizarse, pues vieron en Ona un ejemplo a seguir.
Por este motivo, algunos problemas económicos y al aumentar la demanda, la empresa decide terminar con el recorrido original de la empresa. De esta forma la línea 90 finaliza su servicio –que se había extendido hacia el sector Explanada en Playa Ancha– y sus máquinas van a reforzar los servicios 91 hacia Placeres y 92 que se había alargado hasta el 5º Sector de Gómez Carreño en Viña del Mar.
1990-2000: Una década complicada
Con sólo dos recorridos la empresa seguía cubriendo las necesidades de miles de playanchinos y de un público que se mantenía fiel al buen servicio de la empresa. El año 1991 marca un hito especial: la empresa deja su histórico terminal de Santa Marta y se traslada hasta Porvenir donde comienza una nueva etapa en su fructífera vida al servicio de los habitantes de Playa Ancha y de toda la Región.
En esta época también las tradicionales máquinas 608D Blue Bird empiezan a conocer el desgaste sufrido a lo largo de más de 10 años en que fueron las preferidas del público. Muchas deben decir adiós o bien partir vendidas a bajo costo hacia el interior de la V Región , donde aún circulan.
De la misma manera la línea 92 baja su cortina, pues la competencia con la línea 1 de Central Placeres, era muy desigual y no se podía seguir manteniendo, pero sin duda dejó el recuerdo de haber sido el primer recorrido en llegar hasta Jardín del Mar.
En 1992 la empresa comienza a sufrir más cambios. La línea 91 deja la parada en la Villa Berlín y se extiende hasta la recién inaugurada Población Laguna en el cerro Los Placeres con lo que siguió consolidándose con el aporte de muchas máquinas llegadas de otras empresas y así reemplazar a aquellas que ya cumplían su vida útil.
Pese a la dura competencia y lo difícil de los tiempos, Ona ha continuado con su público fiel, trasladando porteños entre Porvenir en Playa Ancha y Laguna en Placeres, destacándose por la rapidez del servicio y la buena frecuencia en sus salidas.
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